viernes, 30 de diciembre de 2011

el fin de la envidia

Imposible envidiarla ahora que ha muerto. Tú, en cambio, vivirás otros cincuenta años, estás segura. Tonta, ¿cómo piensas en eso? Tu mejor amiga murió y estás muy apenada. ¿Apenada nada más? ¡No! Te sientes desolada, inconsolable. Mira cómo se desborda una lágrima, otra y luego es imposible contenerlas. Estacionas el auto y subes las escaleras para llegar a la sala funeraria, con los suspiros que suceden al llanto. ¡Qué sorpresa encontrar tanta gente en el camino! Seguramente vienen a otro velorio porque ella no tenía tantos amigos. Lees su nombre en la entrada de una sala repleta: compañeros de escuela de ambas, amigos de trabajo, varios primos y, muy cerca del féretro, su apuestísimo marido. Tú no podrías juntar a más de cinco personas y mira cuántas la estiman. Te acercas al féretro, temiendo enfrentar un rostro destrozado por el accidente. En cambio, yace preciosa con su nariz recta, los labios tranquilos, las manos blancas sobre el pecho, en ademán de santa. ¡Se va joven y hermosa, mientras tú morirás decrépita y sola!

1 comentario:

  1. Sólo me viene a la mente la siguente frase:
    "entre mujeres nos podemos destrozar, pero jamás nos haremos daño" ¿sera?
    ¡gracias Cecilia por la contundencia para cerrar tus historias!

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