viernes, 30 de diciembre de 2011

complaciente

¿Qué hago yo vendiendo de puerta en puerta la Guía de la salvación eterna? Es porque suelo decir sí a todo. Por vergüenza, por caer bien, no sé. “Ahorita no gracias.” Sí a estudiar contaduría, sí a casarme con Edgardo, sí a una casa fea. “No compramos libros herejes.”Yo, tan complaciente, me siento incómoda con esas reacciones. Sí a una religión ridícula, cuando ni creo en Dios. El timbre sin respuesta y yo estoy segura que alguien se acercó a la ventana. Me siento morir con los rechazos. Sí a una religión ridícula. Pero cómo abandonar al maestro y a los hermanos, tan lindos que son conmigo. Portazo en la cara. Me siento indeseable, vejada, un pedazo de polvo. ¡Por fin una puerta que se abre! “Pase y me muestra su libro mientras nos tomamos una copita”. Este hombre no es de confiar. No debería. Puede ser peligroso. ¿Pero cómo decirle que no?

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