viernes, 30 de diciembre de 2011

apropiándome de tus recuerdos

La comida sólo me sabe si está unida a un recuerdo. Y ahora que estoy perdiendo la memoria, tendré que aferrarme a los tuyos. El pan blanco, a la voz desenfadada y dulce de la abuela, pero el café negro es el de la despedida, el que se toma con el estómago estrujado, antes del vuelo del hijo a Londres, que después de treinta años, sigue lejos. 
Tú me hablas de la limonada de tu infancia: el sabor a resguardo y a sombra. Afuera la luz calcinante del desierto. No sé; del desierto sólo conozco fotos.
¿Cómo se me escapó el placer por lo inmediato? Más bien creo que la memoria lejana fue ganando terreno, porque mi juventud fue una habitación bien amueblada. Todos estos años, en contraste, han sido avaros, insípidos. ¿Qué se puede retener de este lugar, con enfermeras que le impiden a uno atiborrarse de ese pan impregnado de recuerdos, por aquello de la diabetes y la edad? ¿Quieres acordarte de la falta de visitas, el olor a cloro, el frío del mármol?
Limón azucarado con muchos hielos y la luz cegadora del desierto de Sonora, dices. Nunca he estado en el Norte. Sentada con tu primo sobre el piso de tierra, ¿verdad?  El tintineo del hielo; un trago y varias carcajadas. ¡Sí, sí, tal vez! ¿Podías ver hacia afuera? No importa: imagino el ventanal por el que se asoma la tierra blanca, un mezquite y un halcón en vuelo rastrero. Limón frío y alegre. Me empino el vaso hasta sentir que el líquido se escurre por mi cuello joven. ¡Por supuesto que me acuerdo de la alegría y de mi primo amoroso!

1 comentario:

  1. “¿Cómo se me escapó el placer por lo inmediato? Más bien creo que la memoria lejana fue ganando terreno”
    Triste…hermoso, así funciona la vida. Peleamos por lo que sentimos que se nos va. ¡Gracias!

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