Tres veintiuno. Apenas media hora de la última vez que vi el despertador. Otra noche sin sueño y luego pagar el precio de la fatiga y del pesimismo, de sentir el mundo gris y pesado, insoportablemente pesado. La lectura jamás funciona: me despierta más, lo mismo que la televisión, con tanta luz y una sucesión de estupideces, una peor que la otra. Simplemente cierro los ojos e intento recuperar mi sueño anterior: el mar revuelto, mi tío Agustín. No, el esfuerzo me despertó más. ¿Cómo puedo boicotearme de esta manera? Impedirme el descanso y otorgarme días de agobio, y temerosos, al anticipar las noches de insomnio. ¡¿Tres veintidós?! ¡Y mañana tengo dos reuniones en la oficina! Iré en calidad de testigo presencial. "Sí claro, estoy de acuerdo con la propuesta. Si quieren, les envío mis sugerencias por correo, pero hoy no, mañana". Camino por la playa y el tío Agustín me observa de lejos, con esa mirada tranquilizante. Pero si el tío está muerto. ¿Cómo puedo soñar con él? Al menos soñé; es decir, todavía tengo oportunidad de dormir y entonces habría dormido... Siete menos tres y media... Cuatro y media. No está tan mal. Haciendo cálculos; ¡qué buena manera de volver a despertarse! Es como si coexistiera en mí una enemiga, que me quiere cansada... y vieja… Sí, porque la falta de sueño envejece mucho. Ahora tengo bolsas en los ojos y montones de arrugas nuevas. Otra vez con pensamientos estimulantes. O.K., ojos cerrados. La playa, el mar revuelto, el tío Agustín, el tío Agustín muerto, muerto joven, alegre y grande; mis manos pequeñas, de niña, mis flotadores en la orilla, sobre la arena. El silbido del tío invitándome a entrar en el mar y el agua revuelta, lodosa y agitada. Nado hacia él. Te extraño, tío. ¿Por qué moriste tan joven? Esas percusiones del mar, pum, tac, tac, pum, pum, tac, tac. ¿Del mar? ¡No! Es la música del vecino. Pero a las... ¡¿cuatro y dos de la mañana?! Cuando por fin lo estaba logrando.... Por supuesto que si no cohabitara mi enemiga, me habría dejado dormir. ¡¿Qué quieres?! ¿Que pierda el trabajo? ¿Que me muera por falta de sueño? ¿Que me venza el pesimismo y me suicide? ¡¿Eso?! ¡Perfecto, me quedo despierta y tú ganas! Enciendo la televisión: productos para bajar de peso, películas mexicanas de hace ochenta años, un debate entre calvos sudorosos hablando de la corrupción en el país, una nueva legislación que permita auditar los bienes de los funcionarios… de nuevo el mar … cambios en la constitución, las garantías individuales… el tío Agustín, mismo sueño… mis pasos que se hunden en la arena anegada y luego adentro del agua, el abrazo helado del tío, su rostro anguloso y serio, silente, un abrazo sólido e inflexible. Se sumerge en el mar turbio y yo no puedo respirar. ¡Me falta el aire! ¡Tío, déjame ir! ¡¿Por qué me quieres muerta?! Unos segundos más y el agua habrá llenado mis pulmones. ¡Auxilio! ¡Por favor, alguien ayúdeme! Agustín me quiere muerta para acompañarlo; esto va en serio, es definitivo. El agua está muy tibia, algo caliente, se impregna en mi cuerpo y huele mal; mi piel pegajosa y ese olor a orina… ¡Me oriné en la cama, como cuando era niña! Pero estoy despierta… ¡Y viva! Mi enemiga acudió en mi ayuda…
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Cansancio, sueño, insomnio y después el recuerdo, el afecto y la nostalgia, el volver a la niñez, cuando todo era más fácil, menos complicado. Lo rescatable de la existencia: los afectos; volver al pasado para descifrar el presente. Lo demás… lo demás se ira solucionando.
ResponderEliminar“quiero dormir, esta noche que tu estas muerto;
dormir, dormir, dormir paralelamente a tu sueño completo;
¡a ver si te alcanzo así!
Dormir, alba de la tarde;
fuente del rio, dormir;
dos días que luzcan juntos en la nada,
dos corrientes que vayan, juntas al fin;
dos todos si es algo esto, dos nadas, si todo es nada…”
-Juan Ramón Jiménez- poema 212.